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Museo IMPA

Unico Museo Vivo de la Cultura del Trabajo y de la Identidad Obrera

Categoría

Crónicas del Museo

Relatos e Historia de la fábrica y su gente

RELATOS MUSEO IMPA #1

FOTOS PAGINA

A Raúl Míguez, in memoriam

“Los trabajadores de la metalúrgica recuperada ya saben que el Museo IMPA es el lugar donde preservar y objetivar la memoria colectiva, el patrimonio material y simbólico del grupo fabril. Por eso, en 2014, Eduardo Murúa, uno de los principales referentes de la recuperación de la fábrica y fundador del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, donó al Museo IMPA un conjunto de fotografías que estaban en los cajones de su escritorio. Algunas de ellas mostraban a trabajadores de brazos cruzados, mirando la cámara, en una actitud firme, casi desafiante; otras mostraban diferentes situaciones y espacios fabriles, pero todas eran muy buenas tomas. Desde entonces, en el equipo museo, la cuestión fue imaginar cómo podrían mostrarse esas imágenes, para que formen parte de las colecciones que se exhiben en las aperturas a la comunidad.

Recién, en julio de 2015, cuando llegó un nuevo grupo de pasantes de la Escuela Nacional de Museología, comenzó la tarea de identificar a los trabajadores que se veían en las fotos. Fabiola Szopa y Stella Santiago, en su primer día de trabajo, se reunieron con Raúl Miguez y con Horacio Vera, quienes fueron nombrando a sus compañeros e identificando lugares y escenas.

No todas las personas fotografiadas se encontraban trabajando por entonces en la metalúrgica, tampoco había imágenes suficientes que pudieran dar cuenta de la totalidad de integrantes con que cuenta el grupo fabril actual. Por eso, la idea fue preguntarles a ellos mismos si querían mostrar las fotos tal como estaban o si pensaban que era mejor intervenirlas o hacer nuevas tomas para completar. Para entonces, Stella ya se estaba ocupando de ampliar y modificar las imágenes y, a modo de prueba, se habían impreso algunas.

Entonces, mientras se tomaba la decisión de mostrar solo las fotos que tuvieran imágenes de compañeros y compañeras que actualmente estuvieran trabajando en IMPA, Marcelo Castillo, Presidente de la Empresa Recuperada, recordó que tenía más fotografías tomadas por el mismo o la misma fotógrafa, de quien –hasta ese momento- se ignoraba el nombre y cualquier otro tipo de dato. Fue trayendo fotografías, algunas repetidas, pero… finalmente apareció un sobre con los datos de la fotógrafa Xela Herridge-Meyer. Realmente, ¡fue una alegría!

Rápidamente, Stella envió un mail a la dirección electrónica que estaba en el sobre y, afortunadamente, el Museo IMPA obtuvo una respuesta rápida en la que la fotógrafa consentía mostrar su material. Por eso, ahora contamos con el link enviado por la autora para que nuestros amigos y amigas puedan conocer un poco más de la vida de los trabajadores que recuperaron la empresa hace ya 17 años.

Si van al link, van a encontrar una serie de fotografías, no todas corresponden a la empresa recuperada, pero así las seleccionó y las muestra su autora.

Encontra las fotos: http://rainatfour.tumblr.com/

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IMPA una fábrica de alto vuelo

Hace 72 años los trabajadores de IMPA concretaron una de las mayores proezas técnicas de la fábrica del barrio de Almagro: la construcción del avión IMPA RR-11, el primero de una serie de prototipos que convertiría a IMPA en la primera fábrica privada de aviones de la Argentina.

La iniciativa había surgido de los sueños del fundador de la empresa, el ing. José Mario Sueiro, quien en medio del contexto de la Segunda Guerra Mundial, decidió incursionar en la industria aeronáutica.
Para ello contrató al especialista español Alfredo Davins Ferrer, a quien había conocido en París, y que ya tenía experiencia en la industria aeronáutica francesa. Davins Ferrer realizó el diseño del prototipo y supervisó la construcción del mismo que se llevó a cabo en el 4° piso de la fábrica.

Trabajando sin cesar, los obreros de IMPA no solo desarrollaron el cuerpo del avión, sino también su instrumental: velocímetros, taquímetros, brújulas, etc. La novedosa tarea fue tal que al terminarlo notaron que no había forma de sacarlo a la calle: un vecino recuerda aun cómo rompieron una de las paredes de la fábrica para poder sacarlo.

El IMPA RR-11 “construido totalmente en nuestro país, con materia prima y obreros argentinos“ como gustaba decir al ing. Sueiro, fue una “sensación” para la época y su vuelo inaugural del 25 de julio de 1942 en el aeródromo de Pacheco, fue noticia en los principales diarios argentinos.
Del evento participaron miembros de la empresa; autoridades nacionales, como el director de Fabricaciones Militares, coronel Savio y el director de aeronáutica civil, Dr. Samuel Bosch; y el presidente de la UIA, Luis Colombo. Además del piloto sr. Ciro Comi que hizo la prueba inaugural.

De esa forma, IMPA dio inicio a una línea de producción aeronáutica que continuó con el prototipo IMPA RR-12D, el IMPA RR-13D, el IMPA Tu Sa, el IMPA Chorlito, el Impita, y la apertura en 1944 de una sede en la localidad de Quilmes dedicada exclusivamente a esa producción.

CARACTERÍSTICAS DEL IMPA RR-11:
Monoplano de ala baja cantiléver, biplaza.
Motor Lycoming 0-145-B2 (65 HP)
Envergadura:11,05 m.
Largo: 7,42 m.
Superficie alar: 13 m²
Coef. Seguridad  7
Techo máximo:  5.000 m.
Velocidad Máxima 162 km/h
Velocidad a potencia de performance: 155 km/h
Velocidad crucero: 143 km/h
Autonomía: 5:00h
Coef. Seguridad: 7

AVION

Bibliografía:
Ahora. Periódico Ilustrado. Año VIII, N° 742, Julio 31 de 1942.
Revista IMPA Año 1, N° 1, Abril 1 de 1945
Sale, Atilio. “Aviones Argentinos”. Editorial CID. Buenos Aires, 1987.

Testimonio {1}

“Tenía incorporado el ruido de las máquinas, como tenía incorporado el tren. Era algo como que te acompañaba, lo mismo que la sirena de la fábrica”.

Ana María, vecina y amiga de IMPA Almagro

Luisa Hubeli, extrabajadora de IMPA visitó el Museo IMPA

Con motivo del lanzamiento de nuestra primera revista “Museo IMPA”, Luisa Hubeli, extrabajadora de IMPA entre 1938 y 1940 visitó nuestras instalaciones y nos donó una polvera que le habían regalado en la fábrica el día que cumplió 15 años y ahora es parte del patrimonio del Museo. (Foto ©Carlos Mamud)

“Tres hermanos trabajaron acá, conmigo cuatro. Empecé a trabajar entre los catorce y los quince, eso, más o menos. Llegué por mi hermano, porque fue mi hermano marinero [jubilado de la Marina] que tenía, él me buscó, para trabajar cama adentro, de allá del campo, estábamos entremedio de los campos, allá. Entonces, mi hermano el mayor me dijo: ‘Bueno, te llevo a la IMPA, para que trabajes en la IMPA’. Me trajo, me hizo entrar mi hermano, Alberto. Yo estuve viviendo con él, ahí [señala una casa frente a la fábrica], me cuidaban porque extrañaba mucho yo lo que dejé allá. Antes vivía en Villa Miné, pasando Tostado. Extrañaba porque estaba mi hermana ahí. Yo vivía enfrente a la fábrica, una vez me levanté dormida, que había un milico acá y me llevó de vuelta. Era una casa baja, no una casa alta, como está ahora ahí, era un conventillo, yo tengo las fotos todas sacadas aquí. Yo cruzaba y venía a trabajar, estaba mi hermano ahí afuera, me esperaba y así entraba”. (Entrevista a Luisa Hubeli, publicada en Revista Museo IMPA Nro 1 / Noviembre 2013)

“El mudo” y dos de los hermanos Hubeli, trabajadores de IMPA de la primera etapa en la puerta de la fábrica. Foto: Archivo Familia Hubeli
“El mudo” y dos de los hermanos Hubeli, trabajadores de IMPA de la primera etapa en la puerta de la fábrica. Foto: Archivo Familia Hubeli

El coronel Perón visita IMPA*

ImagenFuente: <Revista “Argentina Fabril” Año LVII, Nº 901, enero de 1944>

Hacia fines de 1943, los vínculos entre IMPA y el gobierno militar se hallaban en plena expansión. El 4 de junio, día del golpe de Estado, Fabricaciones Militares encargó la manufactura de 100.000 vainas de cartuchos Mauser 7.65 mm.

 Si bien los precios cotizados por IMPA eran más elevados que el costo de producción de la industria estatal, el general Savio justificó la erogación argumentando que era necesario “mantener la capacidad productiva y técnica de la firma” como parte de su proyecto mixto (estatal-privado) de defensa nacional.(1)

 Después de producido el golpe, y como resultado de las conversaciones mantenidas en el mes de marzo, Savio presentó a Mandl ante el presidente Ramírez y el vicepresidente Farrell, a efectos de que el empresario austríaco expusiera su proyecto para una industria armamentista autónoma nacional. Farrell se interesó y decidió hacer una visita a IMPA, acompañado por el comodoro Bartolomé de la Colina, para interiorizarse sobre los procesos internos y analizar las potencialidades de la empresa; los recibió y guió a través de la planta el ingeniero Sueiro, para explicarles los diferentes aspectos técnicos de la producción. Sueiro estaba interesado, además, en demostrar que su política social para con los empleados de la empresa estaba en plena sintonía con la nueva estrategia laboral del gobierno; para ello, invitó a los altos funcionarios a compartir el almuerzo diario con el personal, consistente en el “plato único” servido gratuitamente a los trabajadores en el comedor de la empresa.(2)

 La visita debió haber causado muy buena impresión en Farrell y de la Colina, y se puede conjeturar que el primero la comentó favorablemente al coronel Perón; porque poco antes de la Navidad, el entonces jefe de la Secretaría de Guerra y flamante Secretario de Trabajo y Previsión efectuó a su vez una visita formal a IMPA.

 El evento, que tuvo lugar el jueves  23 de diciembre de 1943, revestía una gran importancia para todas las partes, y fue preparado con toda minuciosidad. Perón llegó hacia el mediodía acompañado del subsecretario de Trabajo y Previsión, mayor Fernando González, y otros cuatro oficiales. Los recibieron Sueiro, Mandl y demás miembros del directorio, quienes llevaron a los invitados al comedor obrero, donde les aguardaban los reporteros de prensa y todo el personal de la fábrica.

 Había una gran expectativa por conocer en persona a ese coronel que había hablado tan bien al asumir la Secretaría de Trabajo y Previsión, el pasado 2 de diciembre. Según los diarios de época, la irrupción de Perón y sus oficiales en el recinto fue recibida “con grandes aplausos y vítores al ejército y a la patria”.(3)  Más moderado, el órgano de prensa de la Unión Industrial Argentina (UIA) —en la cual Sueiro ocupaba el cargo de Consejero Titular—, consignó que “el almuerzo transcurrió en un ambiente de entusiasmo y cordialidad excepcional”.(4)

 Las largas mesas fueron dispuestas en forma paralela, a lo largo del salón; ninguna de ellas fue colocada de manera diferenciada, diseño espacial que sugería una imagen igualitaria. Perón, en su carácter de invitado especial, fue ubicado a la mitad de la última mesa, de espaldas a la pared; Sueiro se sentó a su derecha, y Mandl a su izquierda.

El plato único del día, que mereció elogios de la prensa—“tan abundante como sabroso”(5)—, consistió en pesceto con papas y chauchas.

 Al servirse la fruta de postre, el ingeniero Sueiro pronunció un largo discurso, en el cual vertió con sinceridad sus puntos de vista, anhelos y ambiciones. Comenzó diciendo que el hecho de hallarse un alto funcionario de gobierno compartiendo el almuerzo con  patrones y trabajadores, demostraba “que se han roto los prejuicios de casta y dinastía, y que el obrero argentino se incorpora, en igualdad de condiciones y protegido oficialmente, en la colectividad ciudadana”.

 Entusiasmado por el ambiente favorable que se había creado, anunció exultante que durante “todos los jueves de este verano se servirá, gratuitamente como de costumbre, el mismo plato que el servido en el día de hoy, y que se denominará “plato del coronel  Perón”.

 Luego tomó frases del discurso de Perón del 2 de diciembre, para aludir indirectamente a la militancia comunista de la fábrica: “la lucha «contra los verdaderos enemigos sociales» traerá el alejamiento de polémicas y disputas, fomentadas por elementos que desconocen la dura labor cotidiana  (…)  mercantilismo mercenario (…)  enemigo del trabajo, que escudado con argumentos sofísticos, vive explotando alevosamente esta honrada legión de obreros”, para resaltar cuáles debían ser las nuevas reglas de juego: “Las justas aspiraciones de la masa trabajadora y el necesario entendimiento con sus patronos deberá surgir —como acertadamente lo ha expuesto el coronel Perón— de la inteligencia indispensable y directa de ambas ramas productoras, bajo la fiscalización imparcial y justiciera del Departamento Nacional del Trabajo  ”; política que no debía quedar expuesta a “mutilaciones provocadas para saciar apetitos personales y partidistas”.

 Luego hizo una breve mención de sus expectativas respecto a los proyectos oficiales para una política autónoma de defensa nacional: “nuestro glorioso ejército, fiel guardián de nuestra enseña patria (…) confía en esta legión industrial, fuente vital en la retaguardia, para conservar intacta nuestra soberanía  (…)  Nuestras industrias  (…)  han tenido que desenvolverse hasta el presente entre la apatía e indiferencia  (…)  confiando en que ha llegado la hora de la valorización argentina”.

 A continuación, comparó así a la oligarquía terrateniente argentina con la clase industrial, “…cuyos resultados y objetivos son más patrióticos que los de esos argentinos que añaden a la inercia el solo mérito de llevar una vida ociosa, derrochando cuantiosas sumas en ciudades extranjeras y menospreciando y denigrando lo que nuestro pueblo amasa con sudor y trabajo”.

 Antes de terminar su alocución, hizo un panegírico de “la recia personalidad del coronel Perón y su firme voluntad, puesta al servicio inquebrantable de la unión unánime de todos los trabajadores y patronos argentinos”, (que) “nos hace abrigar profundas esperanzas, de cuyos bienhechores frutos gozará la colectividad obrera argentina”.

 Finalmente cerró su extenso discurso anunciando que, en honor del visitante, “y conservando la vieja costumbre de la casa, este año, además del pan dulce tradicional, ofrecemos a nuestro personal una botella de sidra, que deberá ser bebida haciendo votos por la prosperidad de la patria y por la ventura personal del coronel Perón”.(6)

 Según La Razón, al terminar la alocución de Sueiro, y “ante la insistencia de los trabajadores”(7), Perón se dispuso a hablar.

 Cuando se puso de pie, se produjo “una ensordecedora ovación”,(8) en medio de la cual el joven coronel improvisó su discurso.

 Comenzó defendiéndose de algunas críticas de la derecha oligárquica, para la cual Perón representaba una suerte de avanzada del comunismo, diciendo que estaba “empeñado en una obra de verdadera regeneración social, que no debe atribuirse a ninguna ideología extraña”. A continuación, invitó a los obreros a “no ambicionar más ventajas que las que respondan a satisfacer las necesidades de una vida digna y sana”, para lo cual mencionó la austeridad de Esparta, cualidad que hizo a los habitantes de la antigua ciudad griega, “uno de los pueblos más completos de la historia”. Acto seguido, agradeció especialmente al ingeniero Sueiro “el placer de compartir la mesa con los obreros de IMPA”.

 “Ante ustedes” —siguió— “debo repetir lo que he expresado al hacerme cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Me avergüenzo de comprobar que el Estado argentino haya sido tan indiferente en materia de previsión social, que nada haya hecho efectivamente para que los obreros argentinos puedan gozar de los beneficios de una vivienda higiénica y confortable, contando con seguridades de asistencia en el porvenir”.

 Contó luego que “el Excmo. señor presidente de la Nación, general Ramírez” había prometido facilitar los medios para realizar las mejoras; y que por su parte, él había empezado a utilizar esos recursos, “para que de ningún modo se pueda dar un paso atrás”. Dijo también que “en un mes y veinte días de actuación hemos dado término a todos los conflictos obreros que se mantenían en el país, hallando soluciones que han sido aceptables tanto para obreros como patrones” y que, con tal criterio, “asentamos las bases de una relación solidaria entre el capital y el trabajo, que no serán transitorias, sino estable, permanentes; que asegurarán una armonía social de largo plazo. La creación de la Secretaría de trabajo y Previsión constituye una innovación en las estructuras del gobierno que tiende a la realización de tal política”.

Al terminar su discurso, Perón tuvo un gesto para con Sueiro: “Al desearles felices Navidades, debo agregar que cuando en sus hogares se haga honor al pan dulce y a la sidra que les obsequia IMPA, tengan un recuerdo para el ingeniero Sueiro, quien me merece el más alto concepto por la magnífica obra que realiza en la industrialización del país, y con quien puede asegurarse que sus obreros no tendrán jamás motivos de conflicto, dada su ecuanimidad y patriotismo”.(9)

 Es destacable que Perón no haya tocado el tema de la industria armamentista autónoma, limitándose a explayarse sobre su política social. Asimismo evitó hacer mención alguna sobre Fritz Mandl, personaje del cual —como se verá más adelante— conocía las características personales, y que no le había causado una buena impresión.

 Para el historiador Norberto Galasso, la importancia de este almuerzo en la historia del peronismo, radica en el hecho de haber sido ésa “la primera vez que Perón habla ante el reclamo espontáneo de un grupo de obreros”.(10)

 Pero la nueva política social, enarbolada por Sueiro en representación de los patronos y por Perón en nombre del Estado, no podía completarse sin la palabra del tercer actor en este drama: el personal obrero de IMPA. A tal efecto habló Virgilio Barrueco, el obrero “más antiguo de IMPA”, cerrando los discursos como último orador.

 Barrueco no ahorró elogio alguno para todos los representantes del poder presentes en la mesa. Dirigiéndose a Perón, dijo: “Coronel Perón: os comprendemos y os aplaudimos sin reservas, estáis empapado de vuestra noble misión y bajo vuestro auspicio el porvenir del obrero es casi un hecho luminoso…me honro en llamaros la buena estrella y la esperanza de los trabajadores argentinos”. Y continuó: “Y a vos que estáis presente junto a nuestro agasajado; a vos Sr. Mario Sueiro, quiero ofrendaros la sinceridad de algunas palabras a alusivas, vos que sois uno de los más grandes propulsores y el cerebro de la gigantesca y progresiva tarea de formación de la IMPA, que sin más esperanzas que la grandeza de la patria y sin más satisfacción que el cariño de nuestros obreros, de cuyos sentimientos me creo digno portavoz”.

 Y por último, se mostró zalamero y genuflexo con Mandl: “También me cabe el alto honor de destacar la figura de un gran accionista que se esfuerza en pro de nuestra magnífica industria sin más guía promisoria que los ideales del señor Sueiro. Una figura, repito, que pese al poco tiempo que hace que obra entre nosotros ya está vinculado con el progreso de IMPA, como la luz del sol con la mañana… he nombrado al señor Mandl”.(11)

 En rigor de verdad, es poco probable que Barrueco representara el sentir de todo el personal de la fábrica; sus edulcoradas palabras, pronunciadas en un lenguaje declamatorio y con un insufrible abuso de la forma castellana antigua, conformaron la única intervención insincera de la reunión.

 Una vez terminado el almuerzo los obreros volvieron a sus puestos de trabajo, mientras Sueiro y los técnicos de la empresa guiaban a Perón y sus oficiales en una recorrida por el interior del complejo fabril.

 En el camino, Sueiro tuvo oportunidad de destacar su orgullo por el reciente acto de entrega de premios del primer curso en la Escuela Técnica de IMPA, presidido por el coronel del arma de ingeniería Gregorio Tenreyro Bravo, a la sazón director de la Escuela Superior Técnica del Ejército.

 El ingeniero le contó a Perón que junto al diploma se premiaba a los alumnos con una “recompensa en metálico”, y que para el curso 1945 planeaba agregar “cursos específicos vinculados con la aeronáutica: aerodinámica, termodinámica, instrumental de navegación y resistencia de materiales.”(12)

 La jornada había sido un verdadero éxito; de esta manera, la relación de IMPA con el Ejército había avanzado en su consolidación.

 Ya el golpe de Estado del 4 de junio había mejorado notablemente esa relación. Durante el primer semestre del año 1943 (período 1º-01-1943 / 3-6-1943), IMPA le había vendido al Ministerio de Guerra apenas 3.582 marmitas de aluminio, 8.107 maquinitas de afeitar, 45 pares de espuelas metálicas, y 2 compuertas de aluminio.

 Pero a partir del día del golpe, las ventas del último semestre (4-6-1943 / 31- 12-1943) crecieron notablemente: el Ministerio de Guerra compró 107.000 vainas para cartuchos Mauser 7.65 mm, 31.350 caramañolas de aluminio, 9.784 marmitas de aluminio.

 Por otra parte, se le vendieron al Ministerio de Marina 26.102 pomos metálicos, 7.200 jaboneras de aluminio, 4.200 cajas de aluminio y 2 bombas de demolición. La Dirección del Material Aéreo del Ejército compró 161 fichas de contacto, y el Ministerio de Salud Pública – Trabajo y Previsión Social adquirió 20.000 tapas simples metálicas.(13)

 * Silva Horacio. “Informe sobre los orígenes de la fábrica IMPA”. Inédito. En este caso presentamos el capítulo VII “Apogeo y ocaso de IMPA”, retitulado.

(1)  ROUGIER, Marcelo:  Estado y empresarios de la industria del aluminio en la Argentina. Universidad Nacional de Quilmes, Bs. As., 2011. Cap. II.

(2) Revista IMPA – Publicación oficial de Industria Metalúrgica y Plástica S. A., 1º-04-1945.

(3) “Visitó el coronel Perón un establecimiento industrial”. En La Razón, 23-12-1943.

(4) Revista “Argentina Fabril” Año LVII, Nº 901, enero de 1944. (publicación de la UIA).

(6) Revista “Argentina Fabril” Año LVII, Nº 901, enero de 1944.

(8) Revista “Argentina Fabril” Año LVII, Nº 901, enero de 1944.

(9) Revista “Argentina Fabril” Año LVII, Nº 901, enero de 1944.

(10) GALASSO, Norberto: Perón: Formación, ascenso y caída: 1893-1955. Bs. As., Colihue, 2005).

(11) Revista “Argentina Fabril” Año LVII, Nº 901, enero de 1944.

(12) Revista IMPA – Publicación oficial de Industria Metalúrgica y Plástica S. A., 1º-04-1945.

(13) Archivo IMPA: Libro Diario de Ventas – ejercicio 31-12-1942 / 31-12-1943

Bicicletas “Ñandú”

Entre los diversos productos fabricados en la sede central de IMPA (Querandíes 4288), uno de los más populares fue la línea de bicicletas “Ñandú”. Su producción comenzó a principios de la década del ’40 y en 1947 se amplió con la incorporación de la línea de bicicletas “Cometa”.
Al igual que con los demás artículos de IMPA, las autoridades promocionaban las bicicletas destacando su cualidad de “producto nacional”, realizado en una fábrica local y por trabajadores argentinos. También así para ganar mercados y difundir la marca, se recurrió a la participación en exposiciones industriales y al auspicio en 1944, de la Octava Carrera de los 6 Días del Luna Park, en la que ganó un equipo que utilizaba las bicicletas Ñandú.

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